A remarla

Por Christián Carman

En el 413 a.C., hacía ya tiempo que los atenienses tenían sitiada a Siracusa. Los corintios fueron en auxilio de los siracusanos y se midieron en una batalla naval con los atenienses. Perdieron, pero por poquito. El gran historiador Tucídides describe así las sensaciones de ambos bandos: “Los corintios pensaban que el triunfo era suyo por el hecho de que no habían sufrido un gran fracaso, mientras que los atenienses se consideraban derrotados por no haber obtenido una gran victoria.” Y es que los atenienses eran famosos en la antigüedad por su habilidad para navegar y su flota marina era muy superior a cualquiera. Por eso vale la pena escuchar a Sócrates, que en el momento de la batalla rondaría los 50 años, cuando nos habla de navegar.

Sócrates dice que hay dos tipos de navegación, que los griegos llamaban “primera” y “segunda navegación”. La primera se da mientras se mantiene una cierta distancia de la costa. Los vientos son fuertes y empujan la nave con las velas desplegadas. Hay que timonearla con habilidad y prudencia, pero la fuerza viene del viento. Pero, si se navega mar adentro, en algún momento el viento se apaga. Es tiempo de la segunda navegación. Hay que replegar las velas, sacar los remos y empezar a remarla.

Sócrates lo aplica a la vida: en nuestros proyectos, al principio nos puede empujar el viento de las pasiones, pero, si el proyecto dura lo suficiente, inevitablemente llegará el tiempo de la segunda navegación. Ahí hay que replegar las velas, sacar los remos y ¡a remarla!

El paso de la primera a la segunda navegación es crítico, muchas veces abandonamos los proyectos en ese instante, poniendo en duda si vale la pena seguir o no. No hay una receta, obviamente. Hay que discernir con paciencia y lucidez. Pero, en caso de duda, no está demás seguir la máxima que acumula siglos de sabiduría. El derecho romano enseña que, en caso de duda, se debe favorecer al acusado: “in dubio pro reo”, Yo propongo: “in dubio, pro remo”.

Christián Carman