Abelardo y el problema de los universales

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Por Christián Carman

Historia de mis desgracias”. A nadie le gustaría titular su autobiografía así. Pero así se llama la que escribió Pedro Abelardo, Historia Calamitatum. Abelardo fue un gran pensador medieval. Muy controvertido. Soberbio y provocador. Pero, sobre todo, era un gran dialéctico, un genio para las discusiones. En cada discusión ganaba muchos discípulos y muchos enemigos también. Estos enemigos son responsables de sus desgracias. O tal vez, deberíamos culpar más que a sus enemigos, a su capacidad para ganárselos. Ahí está su autobiografía. Es cortita. Googleala y leela. Su historia con Eloísa es imperdible. Pero acá no nos importa tanto su vida, sino sus discusiones.

Abelardo se metió en una de las discusiones más troncales de toda la filosofía, que se puso de moda en la edad media, pero que venía desde antiguo y todavía hoy se sigue discutiendo: el famoso problema de los universales. Cuando yo digo “Juan es hombre” estoy identificado a Juan con hombre. Eso quiere decir el verbo ser: identidad. Pero también digo “Pedro es hombre”. O sea que Pedro también se identifica con hombre. Si Pedro y Juan se identifican con hombre, ¿por qué no puedo identificar a Pedro y Juan? ¿Por qué no puedo decir que Juan es Pedro? Dicho de otra manera: ¿qué hay en común entre Pedro y Juan que me permite identificarlos con hombre, pero no entre ellos? Unos decían, no hay nada raro, Pedro y Juan forman parte del conjunto de los hombres como ésta y aquella otra oveja forman parte de un rebaño. Abelardo contesta que no es verdad, porque yo puedo decir Juan es hombre, pero no puedo decir esta oveja es un rebaño. La oveja, cada oveja, no se identifica con el rebaño, pero cada hombre se identifica con hombre. No hay que confundir términos universales con colectivos.

¿Entonces? Algunos decían que lo único que hay en común entre las cosas que tienen el mismo nombre es el nombre, la palabra. Simplemente usamos la misma palabra para referirnos a ellos. Abelardo contraataca: la palabra es sonido y significado. Es obvio que el sonido no es lo que comparten, porque en distintos idiomas se usan sonidos diferentes para las mismas cosas: hombre, man, uomo, homme. Lo que tienen en común, en todo caso, es el significado. Pero el significado es algo que está en la mente. OK. Lo que tienen en común es una idea que atribuimos a todos. Pero, esa idea, ¿tiene algún fundamento en la realidad o es una mera convención nuestra? Gran pregunta. ¿Agrupamos como queremos, caprichosamente, o la realidad nos dice cómo hay que agrupar? No es fácil. Con algunas ideas parece que hay un fundamento en la realidad: agrupamos a todos los vegetales de un lado y a todos los animales de otro porque en la realidad son distintos. No es caprichoso. Perfecto, pero ¿qué pasa con patilla y barba? El límite entre la barba y la patilla nos lo dicta la realidad o es un capricho nuestro. Abelardo está del lado de los que creen que hay un fundamento en la realidad. Vos ¿de qué lado estás?

Christián Carman