Amigos del conocimiento

Por Christián Carman

Aristóteles dice que hay tres tipos de bienes, o sea, hay tres razones por las que podemos querer algo: porque nos es útil, porque nos produce placer, o porque lo queremos en sí mismo. Así, yo valoro la pava eléctrica porque me permite calentar el agua. Vale porque me sirve. Cuando se rompa y ya no pueda cumplir su función, no la voy a apreciar más y me voy a deshacer de ella sin ningún remordimiento. A otras cosas las valoro por el placer que me producen. Una plataforma con contenidos, por ejemplo. Pero, de nuevo, si en algún momento ya no me produce placer, la abandono sin cargo de conciencia. Porque los quiero como medios –de utilidad o de placer–, y cuando ya dejan de cumplir su función, no valen nada. No valen, porque no sirven. Hay cosas, en cambio, que las queremos por sí mismas. El ejemplo preferido de Aristóteles son los amigos: te da placer compartir tiempo con ellos y todos sabemos que es muy útil tener amigos. Pero no los queremos porque nos dan placer o porque nos son útiles. Eso sería traicionar la amistad. Los queremos en sí, y lo demás viene como bonus. Hay acá una hermosa paradoja: probablemente la amistad es el tipo de relación que más útil nos resulta, y que más placer nos provee, pero la destruimos si la buscamos por la utilidad o por el placer. Los tendremos, sí, pero siempre que no los busquemos.

Todos consideramos que conocer es algo bueno. ¿Pero qué tipo de bien es el conocimiento? Claramente hay conocimientos útiles: hacer un curso de finanzas y hay otros placenteros: leer una novela. Hoy Aristóteles nos invita a que nos vinculemos con el conocimiento de otra manera, nos propone que tengamos con el conocimiento una relación de amistad: que lo busquemos por sí mismo, independientemente del placer o utilidad que conlleve. Que seamos amigos del conocimiento, de la sabiduría. Que seamos filó-sofos. ¿Por qué? ¡Porque sí! ¿Por qué querés ser amigo de alguien? Porque sí. No cabe otra respuesta. No lo buscamos ni por el placer ni por la utilidad. Pero acá surge de nuevo la paradoja. Platón dice que solo aquellos que aman la sabiduría han experimentado el verdadero placer, tanto placer que el alma se les sale para afuera. Cuando los demás llaman placer a los otros placeres, termina Platón, llaman blanco al gris, porque nunca experimentaron lo verdaderamente blanco.

Christián Carman

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