Aprender, desaprender y reaprender

Por Christián Carman

En La República, Platón está particularmente preocupado por la educación. Sabe que una sociedad feliz solo es posible si cada individuo es educado en la virtud. Y también sabe, obviamente, que el mejor momento para aprender las verdades más profundas, las existenciales, las que te marcan para siempre, es la niñez. Si se aprenden de niño, quedan grabadas a fuego. Claro que siempre existe el peligro de perderlas. Platón identifica la valentía con la capacidad de mantener esas verdades: valiente es aquel que logra conservar esas verdades a lo largo de toda su vida. 

OK. Lo concedo. Platón puede ser un poco conservador. Pero no nos viene mal un poco de Platón para balancear la tendencia de época a cambiar todo el tiempo y a despreciar el pasado. Sigamos escuchándolo. Porque, si lo leemos bien, él no dice que nunca tenemos que cambiar de opinión. Eso sería absurdo. Sería negar el valor del aporte de la experiencia. Pero nos advierte que, muchas veces, esas verdades a las que adheríamos de pequeños las perdemos sin querer, sin darnos cuenta. Nos las hurtan. Platón identifica tres rateros: la violencia, el placer y el paso del tiempo. A veces, un hecho violento puede hacer que pierdas ciertas verdades que apreciabas; otras, demasiado placer durante un tiempo prolongado también afecta tu forma de pensar sin que te des cuenta; y casi siempre, el simple paso del tiempo hace que olvidemos, que nos vayamos separando de esas verdades, ideales, criterios, valores que nos definían.

Y parece bastante razonable lo que dice, ¿no? Después de todo, aunque es indudable que a lo largo de la vida vamos mejorando en muchos aspectos, pensar que cada paso que dimos, cada decisión que tomamos, cada criterio o valor que cambiamos fue siempre para bien es un poco ingenuo. Nadie discute las ganancias, pero seguro también hubo pérdidas en el camino. Platón nos invita a tratar de recuperarlas. A permitirle al niño que fuimos que nos cuestione nuestra vida presente, que nos interpele. A sentar a la mesa chica de nuestras decisiones al yo del pasado. 

Valoramos mucho aprender cosas nuevas; hoy se insiste también en la importancia de desaprender; Platón nos invita a reaprender. Así, si a la madura experiencia que los años nos han dado, le sumamos la frescura, los ideales, la sana ingenuidad que teníamos cuando éramos niños, no nos para nadie.

Christián Carman

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