Conversaciones en 3D

Por Christián Carman

Cuando sopló fuerte esparciendo el polvo que cubría el título del libro, no pudo creer lo que estaba viendo. Poggio Bracciolini era un humanista y su desesperación por rescatar obras perdidas lo había llevado, en 1416, al sótano oscuro y húmedo de la Abadía de San Galo, en Suiza. En sus manos tenía una copia muy voluminosa de la Institutio Oratoria que Marco Fabio Quintiliano había escrito en el año 95. Había muchas copias, pero todas incompletas, le faltaban los últimos libros. De todas maneras, lo que se conservaba era suficiente para que fuera considerada desde hacía siglos como el escrito de oratoria más valioso de la historia. Poggio comprobó que su copia tenía los libros faltantes. Su alegría era inmensa. Abrió al azar una página del último libro, el más codiciado de los perdidos, y leyó una frase que resumía toda la enseñanza de la oratoria: Non docere modo, sed movere etiam ac delectare audientes debet orator (el orador no sólo debe enseñar, sino también deleitar y conmover a los oyentes).

Este consejo milenario no sirve sólo para preparar grandes discursos, sino para cualquier conversación. Nos invita a prestarle atención a las tres dimensiones que hay en la comunicación: la verdad que se transmite, la emoción que se provoca y el gozo o bien que se produce. Si queremos conversar en 3D, no tenemos que pensar sólo en lo que vamos a decir, sino también estar atento a las emociones que podemos provocar y a procurar hacerle un bien, producirle un gozo a nuestro interlocutor. Prestar atención a esas tres dimensiones mejora muchísimo nuestras conversaciones: a veces decimos lo que creemos que tenemos que decir, pero sin prestar atención al momento emocional de nuestro interlocutor, o lo decimos de una manera desagradable, cuando eligiendo mejor las palabras sería más fácil que lo aceptara.

Si sólo buscamos agradar, es adulación; si sólo buscamos conmover, es manipulación; si sólo buscamos informar, probablemente no lo logremos. Si queremos tener conversaciones que transformen, conversemos en 3D. Porque, como enseña la geometría, sólo algo con tres dimensiones puede tener profundidad.

Christián Carman