Creatividad y crítica

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Por Christián Carman

Paul Feyerabend, un gran filósofo vienés del siglo XX, decía que hoy la gente acepta con una reverencia tan acrítica lo que dice un científico como la que antes se tenía frente a lo que decía un obispo. El guardapolvo blanco ha superado la sotana. Lo que dicen los científicos no es una revelación que baja del Cielo, pero, en cierto sentido, el efecto es el mismo, porque es un conocimiento indiscutiblemente verdadero. Y es así porque los científicos tienen un método infalible: parten de observaciones hechas con mucho cuidado, y con lógica y paciencia van infiriendo sus teorías. Está chequeado millas de veces. No puede haber error. A esta visión de la ciencia la pone patas para arriba otro gran filósofo vienés. Karl Popper dice que es imposible que la ciencia pruebe sus teorías. Y tiene razón. La lógica está de su lado. Por más que observe millones de cuervos negros, nunca podré estar seguro de que todos lo son. Además, las teorías dicen mucho más de lo que se observa. Se propusieron virus, bacterias, agujeros negros o genes mucho antes de que pudiéramos observarlos. El científico se parece más a un artista que a un alumno aplicado de lógica. La ciencia es creativa. Los científicos pueden proponer lo que quieran, sin restricciones. Anything. Como en el arte. Pero, entonces, ¿qué valor tiene como conocimiento? El valor le viene de lo que se hace despues. El científico propone el dispar que quiere, pero después tiene que someterlo a crítica. Tiene que dejar que sus colegas traten de refutarlo. De mostrar que esta equivocado. Es más, él mismo tiene que hacer lo posible por mostrar que está equivocado. Porque probar que una teoría es falsa es infinitamente más fácil que probar que es verdadera. La lógica sigue del lado de Popper: basta encontrar un cuervo blanco para saber que es falso que todos los cuervos son negros. Si logramos refutar nuestra propuesta, nos alegramos, porque la ciencia avanza. Sabemos que estamos equivocados. Si no logramos refutarla, seguimos intentándolo. Los científicos son científicos no porque son cuidadosos en lo que proponen, sino porque se someten a una crítica, porque dicen: “esto es lo que propongo, mi teoría prohíbe que pase esto. Si pasa, perdi. Abandono mi teoría”. Esa es la base de la honestidad intelectual del científico: juega limpio. Es muy sano que todos imitamos esta actitud que Popper encuentra en los científicos: proponer con creatividad y, luego, criticar con fiereza nuestra propia propuesta.

Christián Carman

Cultura General