Dar en el blanco apuntando al costado

Por Christián Carman

Habíamos colocado unas botellas de plástico en fila sobre una pared. Mi amigo Santiago, con su rifle de aire comprimido, me quería enseñar a disparar. No tendríamos más de 12 años, pero él vivía en el campo y era un experto tirador. Me acuerdo patente su técnica: ponía la mira en la lata, la desviaba un poquito y luego disparaba. No siempre, pero por lo general la botella salía volando. Yo estaba muy asombrado de que hubiera que apuntar al costado del blanco para dar en el blanco. Me parecía absurdo. Me explicó que era un día ventoso y había que tenerlo en cuenta. Si apuntaba al blanco, no le iba a embocar.

Unos 2500 años antes, Aristóteles enseñaba algo parecido. Para él, la virtud está en el justo medio, la virtud es dar en el blanco. Pero el blanco va cambiando en cada uno. Ser audaz es el justo medio entre ser temeroso y ser temerario, ni huir de los riesgos necesarios, ni enfrentar riesgos innecesarios. En el medio, justo en el medio está la virtud. Y así con todas. Y el medio cambia en cada uno. Como la alimentación: la porción justa que debemos comer por día, no es la misma –dice Aristóteles–, para mí y para un atleta olímpico, que consume mucha más energía entrenando.

Cada uno debe encontrar su justo medio para vivir en equilibrio. No es fácil acertar, dice Aristóteles. Sobre todo porque en cada uno de nosotros existe una tendencia a desviarse hacia uno de los extremos. Ni el temeroso ni el temerario aciertan, pero cada uno se desvía hacia lados opuestos. Por eso, cuando decidimos hay que tener en cuenta la desviación que produce nuestra tendencia y apuntar la mira un poco hacia el lado opuesto. Si te gusta comer de más, no busques el medio, comé un poco menos de lo que te parece apropiado, para compensar. Si sos temeroso, corré un riesgo un poco mayor del que te dice tu sentido común. El mismo consejo de Santiago, desviar la mira, para dar en el blanco.

Christián Carman