Deconstruirse con inteligencia

Por Christián Carman

René Descartes es conocido como el padre de la filosofía moderna. Inició un movimiento tremendamente revolucionario en el pensamiento. Sin embargo, él dice explícitamente que su objetivo era mucho más modesto: no quería cambiar el mundo, quería cambiarse a sí mismo. Se dio cuenta de que muchas de las creencias y valores que él tenía no podía justificarlos. Simplemente los había heredado de otros que habían decidido por él cuando era niño e implantando en su alma esas ideas y valores sin su consentimiento. Inevitablemente todo eso se naturaliza y se convierte en un sistema en el que nos movemos sin jamás discutir. Ya me habían enseñado qué se come y qué no, cuándo se duerme y cuándo no, qué vale como premio y qué como castigo, qué está bien y qué mal, mucho antes de que yo tomara mi primera decisión consciente.

Descartes insiste: nuestro sistema de creencias y valores es como un edificio ya viejo del que no conocemos el estado de sus cimientos. No necesariamente hay que demolerlo y volver a construir de cero, pero sí, con paciencia, ir identificando una a una las creencias más importantes, objetivarlas, y volver a elegirlas o no. Seguro hay muchísimo de valioso en nuestro edificio que vale la pena mantener, muchísimo material de una calidad que ya no se consigue que vale la pena reciclar. Y habrá, también, algunas paredes que demoler para que entre aire fresco. Deconstruirse con inteligencia, sin ser demoledores seriales ni andar apuntalando lo que tarde o temprano se va a derrumbar.

Estos tiempos de fin de año son un buen momento para ser nuestro propio Descartes.

Christián Carman