Descubrir las ideas juntos

por | 25/06/2020

Hace muchos años en Baikal estábamos leyendo las vidas de Newton y Leibniz y el nacimiento de la Royal Society y una de las cosas que nos sorprendieron fue que Newton escribió su Principia en latín para que no pudiera entenderlo «cualquiera». Esto, que para Newton y para muchos en la antigüedad era una obviedad, choca de frente con la idea actual de la divulgación científica.

Como en Baikal nos gusta cuestionarnos las ideas propias y particularmente las ideas de nuestra época, le pregunté a Diego Golombek en un artículo de El Baikal ¿Por qué divulgar ciencia?. Como siempre, Diego, una mente científica y poética, dio una respuesta a la vez profunda y hermosa:

«Porque los humanos evolucionamos con una tremenda angustia frente a lo desconocido, y nos la pasamos robándole parches de desconocimiento a la naturaleza y pasándolos al lado iluminado de lo que sabemos; eso, al fin y al cabo, es la invención de la ciencia: anteojos para conocer y tenerle menos miedo a lo que no entendemos –un miedo que de ninguna manera es privativo de los científicos, sino de todo Homo sapiens que se atreva a salir de la comodidad de su caverna–. Porque la verdadera riqueza reside en las ideas que tengamos en la cabeza, y la ciencia es una gran organizadora de ideas, como un peine que recorre las circunvoluciones del cerebro. Porque los únicos científicos ambulantes no pueden ser los profesionales, ni tampoco los chicos que queman hormigas con la lupa en el jardín, o abren el juguete a ver qué tiene adentro (o abren al hermanito a ver qué tiene adentro) y, dado que muchas veces la educación formal nos obliga a barrer las preguntas debajo de la alfombra coraza antidisparates, la divulgación puede ayudar a que nos animemos otra vez a pensar disparates maravillosos, a quedar estrujados de tortícolis mientras nos preguntamos cómo puede ser que esa estrella que miramos no exista más, a mezclar detergente con jugo de naranja a ver si salen pompas dulces y jabonosas. Porque es profundamente sanador compartir las maravillas de mirar el mundo con ojos de científico.»

Sin que se lo pidamos, Diego escribió casi un manifiesto de Baikal. Y claro que no se limita a la ciencia sino que se puede extender a todo el conocimiento humano.

 

Aprender en casa es una actividad increíble, con una persona increíble. Cada jueves, todos los jueves, Melina Furman da un taller para madres y padres, pero también para abuelos, tíos y educadores, que queramos aprender a crear entornos ricos de ideas en nuestras propias casas; que queramos entender cómo explorar con nuestros hijos cosas que no sabemos y cómo aprovechar para aprender y disfrutar, ahora sí, de todos esos conocimientos que aprendimos mal y obligados durante nuestra propia escolaridad pero que sospechamos que son increíblemente interesantes si los abordamos desde la curiosidad.

Una actividad que puede ser realmente transformadora no solo para nosotros y para nuestros hijos sino, sobre todo, para nuestra relación con ellos. Porque una relación se trata de compartir y enriquecer lo que compartimos y lo que más compartimos son conversaciones: las que tenemos en la mesa o un domingo a la tarde o cuando les pasa algo o en una caminata.

Como nos demostró Julio Verne cuando éramos chicos, no hace falta salir de un cuarto para hacer mil viajes. Podemos viajar a través de conversaciones, en el espacio y en el tiempo. Podemos descubrir las maravillas del mundo –las oficiales y las millones mucho más maravillosas–, podemos inventar cosas, podemos hacernos amigos de los grandes personajes de la historia. Podemos compartir las infinitas ramas del conocimiento, sin ser expertos en nada, solamente descubriendo juntos. Y esa capacidad de descubrir y de disfrutar de la riqueza de las ideas puede ser el mejor legado que les dejemos a nuestros hijos. Algo que nadie les va a poder sacar jamás. Y el recuerdo de haberlo hecho con nosotros.

Quienes se quieran anotar en «Aprender en casa», para trabajar con Meli Furman el «cómo hacer esto», pueden hacerlo acá.

Además, hablando de aprender, les cuento que se vienen mil cosas increíbles en la Escuela Baikal Online, desde talleres de astronomía hasta un curso de lógica y un equipo de cazadores de falacias, malos razonamientos y sesgos.

Como dijo Diego, la verdadera riqueza reside en las ideas que tengamos en la cabeza. Poblemos las cabezas nuestras y de nuestros hijos de ideas maravillosas y cultivemos con ellos el arte de conversar.

Emiliano.