Diseñar nuevos sentidos

10/08/2020

Santiago López, profe de Frontera de la Ciencia y la Tecnología

Solemos entender a la percepción como la capacidad de reconocer elementos de nuestro entorno por medio de nuestros órganos sensoriales. Así, la visión se define como la capacidad de tener experiencias visuales suministradas por la luz que entra por nuestros ojos, y la audición como la disposición a experimentar sensaciones sonoras que recibimos a través de los oídos. Entendemos que, cuando a raíz de algún deterioro, enfermedad o lesión, los estímulos que excitan a los órganos sensoriales no pueden comunicar sus impulsos al sistema nervioso central, se deja de percibir. 

Pero esto no significa que la capacidad perceptiva deje de existir, sino más bien que se readapta a nuevas circunstancias, a un nuevo mundo sensorio-motriz al que le presta sus mecanismos. Las tecnologías de sustitución sensorial nos permiten entender este fenómeno más de cerca. 

Se le llama así a toda una familia de tecnologías que son diseñadas con el fin de transducir estímulos de una modalidad sensorial a otra, alimentando al sistema nervioso con información transmitida por canales no convencionales. La idea se le ocurrió a Bach-y-Rita, un neurocientífico norteamericano que a mediados de los 60’ intuía que además de la excitabilidad, el sistema nervioso tenía la capacidad de readaptar sus circuitos neuronales y sus patrones sinápticos a nuevas circunstancias. Este fenómeno, que hoy se lo denomina neuroplasticidad, era poco conocido por aquel entonces, y para echar más de luz en el tema, corriéndose un poco de los presupuestos de las neurociencias de la época, se propuso explorar si sería posible percibir, por ejemplo, la imagen de un café o de un teléfono a través de vibraciones en la espalda. Para testearlo, convocó a un grupo reducido de personas no videntes, tomó una silla de dentista, una matriz de protuberancias vibratorias que ubicó en el respaldo, una cámara de video y unos transductores electromagnéticos que transformaban las imágenes a impulsos mecánicos. Cada vez que la taza estaba delante de los sujetos, las protuberancias vibraban en un patrón correspondiente a la composición de la imagen del objeto. Lo loco de este experimento fue que, con un entrenamiento simple, lograban identificar rápidamente las vibraciones de su espalda con la presencia de la taza o el teléfono, entre otros objetos.

Esto cambió el partido en las neurociencias, y aún hoy nos obliga a redefinir algunas intuiciones básicas acerca de la percepción; no vemos u oímos meramente con los ojos o los oídos: vemos u oímos con el cerebro, y si éste es entrenado, puede aumentar su capacidad para procesar información perceptiva, aún ante la ausencia de experiencias visuales o auditivas. Por otro lado, otorgó una fórmula para el diseño de tecnologías de sustitución sensorial. En la actualidad, existen una gran variedad de ellas, algunas se usan para transformar sonidos a vibraciones para tratar sorderas, otras transducen imágenes a vibraciones para asistir al mantenimiento del equilibrio, y otras van de imagen a sonido para tratar cegueras. Hay otras aplicaciones que incluso van más allá del panorama familiar de nuestro mundo sensorial, y exploran las posibilidades de percibir mediante chalecos vibratorios cosas tales como la cantidad de hashtags específicos en un momento determinado, el movimiento y la orientación de un helicóptero, o información acerca del mercado de valores

Recientemente, investigadores de la Universidad de Melbourne experimentaron con la aplicación terapéutica de un dispositivo de sustitución sensorial, suministrado por el software The vOICe (al que podés ingresar en el link y experimentar como se “escucha” tu imagen), para mejorar la experiencia visual que es suministrada a través de implantes de retina electrónicos, utilizados para tratar ciertos tipos de ceguera. Los resultados demostraron que alimentar la información visual generada a partir de este implante, con las señales auditivas otorgada por el dispositivo de sustitución, mejora la discriminación e identificación de caracteres visuales. 

Dentro de las tecnologías actuales que buscan llevar al cuerpo más allá de sus capacidades normales, esta es una de las más prometedoras, y seguirla de cerca podrá decirnos nuevas cosas acerca de las posibilidades y los límites de la plasticidad neuronal, y diseñar tipos de experiencias que hoy no imaginamos posibles.