Domar los hábitos

18/11/2020

Daniela Godachevich nos cuenta de la charla entre Melina Furman y Gerry Garbulsky sobre hábitos, dentro del seminario Aprender en Casa.

Buenos Hábitos, buena yunta 

Aprender en Casa, con Melina Furman tuvo un invitado de lujo: Gerry Garbulsky.

¿Sobre qué charló Gerry con los integrantes de Aprender en Casa y Melina? Sobre hábitos ¿Cuáles? Los nuevos, los viejos, los que se quieren instalar, los de la familia, los de los chicos. Pero ¿qué son los hábitos? Según Gerry son esas cosas que hacemos de manera automática. Son comportamientos adquiridos que se disparan sin mucha reflexión de por medio. Algunos nos gustan mucho, otros un poco menos. 

Gracias a la evolución los humanos fuimos dotados de la corteza prefrontal. Eso nos distingue de los otros animales y nos permite hacer cosas maravillosas como contar historias, hacer planes a futuro, tener empatía, ponernos en el lugar del otro y mil cosas más. Pero, como todo lo bueno, también tiene una parte mala: posee un ancho de banda bastante bajo. Es por eso que no podemos hacer una o dos cosas a la vez con esa maquinaria consciente que tenemos.

A lo largo del tiempo, lo que hizo la evolución natural es descubrir que los hábitos eran una buena manera de optimizar ese ancho de banda. Por ejemplo, si creamos una solución a un problema y nos sirve, lo encapsulamos, lo tiramos a una parte del cerebro, lo transformamos en un comportamiento automático que no requiere el uso de esos recursos tan limitados. Ése es el nacimiento evolutivo de los hábitos. 

Hay muchos de nuestros comportamientos que son conscientes, pero otros los repetimos porque están en «piloto automático». Lo que plantea Gerry, es ver cuáles de esos que «caminan por sí solos», nos gustan y cuales no. De los que no nos gustan, ¿tenemos herramientas para cambiarlos? 

Sería muy interesante darnos cuenta de aquellos hábitos que no tenemos para poder incorporarlos, para que ese porcentaje de hábitos que hacemos en piloto automático esté bueno, liberando la otra parte del cerebro con la que queremos hacer cosas geniales, donde nuestra mente está más consciente y toma decisiones. 

Para conseguir ese propósito Gerry pensó 12 herramientas. Algunas de ellas, nos las cuenta, las desmenuza, las expone y las charlamos.

Características de los hábitos

Una característica de los hábitos es que tienen una tensión: hay que hacer un gran esfuerzo en el presente, para tener beneficios en el futuro, o viceversa, los malos hábitos tienen una gratificación en el presente, pero hipoteca el futuro.  

Existen tres niveles en los que podemos ayudar a otros con respecto a los malos hábitos.

El primer nivel es cuando la otra persona es consciente de que desea cambiar sus hábitos y quiere ayuda. Ahí el verbo es ayudar.

El segundo caso es cuando estamos convencidos de que una persona tiene que cambiar sus hábitos, pero esa persona no es consciente y no tenemos la oportunidad de decírselo. Pero estamos seguros que esa persona va a querer cambiar esos hábitos. Ahí podemos influir. 

El tercer caso es que la persona no sabe que quiere cambiar hábitos, quizás no quiera cambiarlos, y si nosotros queremos intentar cambiar sus hábitos con alguna herramienta, lo estaríamos manipulando. Entonces, pasamos de ayudar e influir a manipular, de acuerdo al grado de conciencia y ganas que tiene la persona del otro lado. 

Más cantidad 

Los hábitos requieren mucha repetición del comportamiento que uno quiere hacer. Valen más la cantidad de repeticiones que el tiempo que uno empezó a intentar generar el hábito. Por ejemplo, si uno empezó hace dos meses a intentar hacer algo, pero lo hace una vez por semana, es difícil que logre algún avance. Pero si hace un mes que comenzó a hacer algo, pero lo hace todos los días, es más probable que lo logre. Depende de muchos valores: de la persona, de las motivaciones y otros factores. 

Buenos y malos 

Los buenos hábitos son aquellos que nos mejoran como persona. Pero hacer un hábito bueno un día, dos o tres, no te cambia nada. Lo que cambia radicalmente es el efecto compuesto de hacerlo durante mucho tiempo, y que esa pequeña mejora se vaya acumulando día tras día. Esto genera un desafío: el sostener el comportamiento positivo, o anular el negativo durante bastante tiempo, para que tenga efecto. 

Diseñar hábitos

El Valle del Desencanto. No es un lugar en el mapa, sino un espacio donde pueden llevarnos los hábitos. ¿Cuándo pasa eso? Cuando hace un tiempo largo estamos haciendo un buen hábito y no vemos el beneficio. Por ejemplo, hacer gimnasia y seguir viéndose igual. Pero con fe y convencimiento, manteniendo los buenos, sabiendo los beneficios que nos traerá en el futuro. Podremos salir del Valle del Desencanto y no será un lugar donde estaremos estancados para siempre.

Los hábitos  tienen disparadores que pueden ser externos o internos, que le avisan a nuestra mente inconsciente que ahora tiene que hacer algo determinado. Cuando uno quiere instalar un nuevo hábito, es buena pensar dónde hacerlo, y ser consciente para ver qué dispara ese hábito, si es externo, si es interno, si es una persona o si es un objeto. A veces tenemos un mal hábito como  contestar mal. Si llegamos a encontrar qué es eso que nos lleva a contestar mal, está buenísimo.  Porque es más fácil eliminar el disparador, que sacar el hábito. Y lo mismo pasa con el hábito bueno, se pueden diseñar los disparadores para que el hábito bueno se genere. 

Rodeate de buena gente

Los hábitos también pueden surgir de las personas que nos rodean, y estas personas pueden ayudarnos a conseguir mejores hábitos, de los buenos, por los complementos del temperamento. 

Todos los hábitos, en su origen, los incorporamos porque nos resolvían una necesidad, todos los hábitos son funcionales a cosas que necesitamos en el presente o en algún momento. En todo hábito hay un costo que pagamos y un beneficio que obtenemos. 

El mejor de los mundos aparece cuando instalamos un hábito bueno, y ese hábito se convierte también en una necesidad, porque ese buen hábito me dará recompensas en el futuro y además se disfruta en el presente. Cuando eso pasa, quiere decir que el hábito ya está instalado, porque no requiere de un esfuerzo consciente para seguir manteniéndolo. Ese es el mundo ideal del hábito. 

Una de las herramientas de Gerry, una de esas 12, es «dejate de planificar y empezá a hacer». El hábito no se adquiere por cuánto tiempo hace que lo hago, sino por cuantas veces repetimos el comportamiento. La estrategia que hay que plantear es empezar a hacer eso que queremos hacer por 5 minutos todos los días, en el mismo lugar y a la misma hora, y siempre rodeados de las mismas personas o solos. Lo ideal es hacerlo durante una semana y luego de hacerlo durante una semana, pasar a hacerlo 10 minutos por día. Y la magia se produce cuando al terminar esos 5 minutos, o 10, nos quedamos con las ganas de más. 

De esta charla con Gerry aprendimos que los buenos hábitos son excelentes compañeros, que a los malos los podemos domesticar, y que si tenemos constancia, el mundo mágico y las buenas recetas llegan, en el futuro, pero con una muestra gratis en el presente, si es que se disfruta. 

Diseñar un combo de buenos hábitos es posible, juntos, solos o en familia. Es una de las mejores inversiones para hacer, practicar y enseñar.

Daniela Godachevich