Enseñar a aprender

26/08/2020

Mabel Graneros, alumna de Revolución Senior: ideas para el segundo tiempo de la vida

Este enunciado me remonta a un tiempo pasado. Hace apenas un mes, me jubilé como docente, precisamente julio de 2020. Más de treinta años ejercí esta profesión y encontrarme hoy, en este lugar, entre tantos estudiantes y por esta pandemia, frente a una computadora, en clase o produciendo un texto, como ellos, es una experiencia encantadora puesto que siempre me gustó mi profesión. Soy, como se dice, “docente de vocación”. Aunque, como una adolescente a la que no la vigilan, puedo escaparme.  Entre todas las actividades que ya estoy haciendo, esta propuesta me encantó para ampliar la mirada y ocupar más el tiempo en esta etapa de la vida. Su título me llamó la atención para dar el puntapié inicial.

La clase inicia con la presentación de Sebastián. Me asombro de su experiencia personal, cómo supo aprovecharla. Estuvo en el momento justo. Obviamente, tampoco le fue fácil pero qué bueno todo lo que logró.

Estuve de acuerdo con él respecto de que los tiempos están cambiando. Planteó el tema de la próxima batalla inclusiva, de género, feminista, etaria, etc. La gente está cambiando, aunque algunos se resisten un poco, van respetando y aceptando a esos grupos. Y con respecto a los mayores de más de cincuenta, me encantó que se cambie la visión, que haya personas o instituciones que los consideren más útiles, a la vez que, como Sebastián, estoy convencida de que pueden plantearse metas diversas. Y como él lo dijo, el punto de arranque es el “conflicto”. Aunque hay una subestimación al cambio, al futuro. 

También se planteó que los cambios sociales preceden a los tecnológicos, como que el cambio demográfico es más predecible y que a nivel global los 50+ tienen capacidades que pueden llegar a ser explotadas, a nivel económico, por su independencia. Así lo manifiesta Tyler Cowen, cuando expresa que “la integración de este grupo, es un desafío y un campo potencial mayor que el de la automatización”. Las estadísticas demuestran que hoy en Argentina hay 6 millones de mayores de 60 años, cuyo 70% son autoválidos.  Es decir, totalmente independientes. Ni hablar de Japón, que nos supera en porcentaje, como Italia y España.

Si bien no entiendo demasiado de economía, recuerdo algunos conceptos matemáticos. Se presentó un flyer con la raíz cuadrada de la edad multiplicado por 8, daba algo así como la vida útil de un adulto, ¿puede ser? No entendí demasiado. Luego, se presentó a Emile Ratelband y a Ho Chi Minh, sus experiencias de vida, los prejuicios o valores negativos que se aplica a los mayores, hasta se los piensa con “tristeza” y “en retirada”. Uno de los términos que me impactó fue que se los “infantiliza”, se los “invisibiliza”, que la sociedad no quiere ver y además se los aloja en hogares o geriátricos, sin importar cuán caros pueden llegar a ser.

Siguieron las imágenes de unas coordenadas cartesianas con una curva donde “Happiness” (y) inicia en el 9, baja entre los 40 a 50 años y sube hasta los 100 (x). Fernando Vega, presenta su libro La Era de los Perennials y por último, las palabras expresadas por George Constanza, “Todavía no superé los traumas de mi adolescencia y ya tengo achaques de vejez”.

A partir de la pandemia, Senior toma un lugar más protagónico, con la presencia de una persona invitada de lujo, el Ing. Alberto Naisberg, con sus 95 años, un ejemplo de vida. Dedicado a seguir aprendiendo, creando y reinventándose continuamente. Es una persona que en su trayectoria de vida conoció y asimiló, por ese espíritu curioso, culturas diferentes en las que rescató todo lo bueno que una persona puede asimilar para vivir armónicamente. Habló de Itiray y Zonas Azules en diferentes países (Japón, Grecia, Italia, Costa Rica y me falta uno); la alimentación basada en frutas, vegetales, mucha agua, vino, vino orgánico en Grecia, etc.; en Japón, el 80% de los mayores se quedan con sus familias y que un día entero ejercitan caminando, a diferencia de EEUU donde solo el 8%, es considerado poligenario. Continúa, explicando acerca de las creencias en estas zonas, dando nombres al estado escondido en nuestro interior; a los grupos de amigos que se apoyan para ayudarse entre sí, también para festejar; otro, en que se recuerda seguir adelante, representado por un muñeco, que se va transformando a medida que pasan los años y agrega, otra zona azul, en Costa Rica, donde abunda el mineral y de un enriquecimiento intergeneracional. 

Nos deja como consejo lo que dijo Confucio: “Levantarse de la mesa con un poco de hambre”. 

Por último, creo haber apostado bien, de haber elegido inicialmente este curso, aunque debo confesar que fui guiada por mi hija mayor, Victoria O’Shee, que vive en Medellín. Ella me conoce y sabe la madre que tiene, por eso me animé. Espero que me enseñes a aprender, en esta nueva etapa, con 65 años.

Mabel Graneros