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Filosofía para emperadores y esclavos

Por Christián Carman

La filosofía estoica busca ser una filosofía práctica. Que sirva para cualquiera, en cualquier situación, en cualquier época. De hecho, se jacta de haber tenido grandes representantes en los extremos del espectro social: Marco Aurelio fue emperador romano, no había nadie por encima de él; Epicteto fue esclavo, no había nadie por debajo de él. Ambos, grandes representantes del estoicismo. Siendo emperador, Marco Aurelio practicó la filosofía estoica para liberarse de la esclavitud de las emociones; siendo esclavo, Epicteto practicó la filosofía estoica para tener libertad en su espíritu cuando todavía no la tenía en el cuerpo.

Epicteto fue finalmente liberado y formó su propia escuela filosófica. Entre sus discípulos se contaban senadores romanos. ¡Senadores romanos discípulos de un liberto! Uno de ellos, Flavio Arriano, recogió en una especie de manual las enseñanzas de su maestro. En ese libro, Epicteto nos enseña que más importante que no ser esclavo de otro, es ser dueño de uno mismo. Porque no hay peor tirano para uno mismo que uno mismo. La verdadera libertad es dominar los propios deseos. Y nos enseña una técnica concreta para aprender a manejarlos.

Dice que cuando te mueras de ganas de hacer algo que sabés que no te hace bien, lo primero que tenés que hacer es retrasar un poco la decisión. Así, puede ser que se apacigüe un poco la emoción y veas con más claridad. En segundo lugar, te propone que aproveches ese rato que ganaste para considerar cuánto va a durar el placer que te va a dar hacer eso que te está tentando. En tercer lugar, te pide que lo compares con cuánto displacer te va a causar el arrepentimiento que necesariamente vendrá después. En cuarto, representate cómo vas a disfrutar y te vas a alabar a vos mismo si lográs abstenerte. En quinto y último lugar, repetite una y otra vez que el placer de saberte a vos mismo vencedor de esa batalla es mucho más duradero. Y, además, es mucho más satisfactorio que lo que sea que te está tentando. Porque, cuanto más deseas eso que te está tentando, más gloriosa va a ser esa victoria.

Vas a ver que esa victoria, pequeña y anónima, vale más que las grandes conquistas militares del mismísimo Marco Aurelio.

Christián Carman

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