Gastar la salud

Por Christián Carman

En unas páginas sublimes de la Suma Teológica, Tomás de Aquino va repasando los objetos en los que solemos poner nuestra felicidad: dinero, fama, honor, placer, poder, sabiduría y salud. Uno por uno, va mostrando por qué no bastan para hacernos felices. Que un medieval enumere los mismos objetos en los que todavía hoy seguimos buscando la felicidad dice mucho de la naturaleza humana. Pero lo más interesante es la manera en la que los va descartando.

En estos tiempos en los que la conservación de la salud se ha convertido en un tema absolutamente prioritario, no está demás repasar estas enseñanzas medievales. Para Tomás, que el hombre ponga toda su felicidad en la salud es tan absurdo como pensar que el fin del ser humano, el sentido de su vida, es la mera conservación de su propia vida. O sea, que el ser humano está aquí sólo para seguir estando. Pero el hombre y la mujer están hechos para algo más que para su mera conservación. Nunca saciará sus deseos de felicidad sólo conservándose. Además, es un deseo vano, porque tarde o temprano perderemos la salud. Pero en un sentido muy claro, el ser humano está hecho para algo más grande que él mismo. Al ser humano le queda chico el ser humano. Está hecho para más.

La salud es un requisito necesario, pero no suficiente. Hay que cuidarla porque, obviamente, sin vida, no podremos tampoco entregarnos a la apasionante búsqueda de algo más grande que nosotros mismos. Pero no se acaba allí. En el fondo la salud es como un auto. Hay que tenerlo en buenas condiciones para que nos lleve a donde queremos. Incluso, limpio y perfumado. Pero es un medio. A veces nos preocupamos tanto por la salud, como aquellos que, tan obsesionados están con su auto, que se la pasan lavándolo y arreglándolo, pero que al final deciden no usarlo, por temor a estropearlo. La salud, dice Tomás, es un medio, que hay que cuidarla, pero para gastarla.

Christián Carman