La educación está mal distribuida en nuestras vidas

Por Emiliano Chamorro

Si dedicás el 10% de tu tiempo a aprender durante toda la vida, el otro 90% creás y disfrutás mucho más.

Cuando uno sabe algo, generalmente lo hace mejor. Pero para aprender, lo tenemos que hacer. Aprender es un ida y vuelta entre hacer, pensar, estudiar lo que hicieron otros, enseñar y volver a hacer.

Sin embargo en nuestras vidas generalmente dedicamos los primeros años a estudiar sin hacer (y sin ganas) y el resto a hacer sin aprender. No mejoramos. Construimos de chicos -y de mala gana- herramientas mentales que no sabemos para qué sirven porque no las usamos, no nos las apropiamos y después usamos esas herramientas mentales precarias que construimos hace décadas, que ya están oxidadas, para hacer durante toda la vida. No es el modelo más efectivo que uno se puede imaginar.

Lo anterior es una caricatura, pero como toda caricatura, tiene algunos rasgos de lo que hacemos de verdad.

Baikal propone una forma de vida que implica cambiar esto. Dedicar, por ejemplo, el 10% de nuestro tiempo a aprender durante toda la vida. Así, en el 90% restante somos mucho más creativos, productivos y podemos disfrutar mucho más. Hacer, pensar, enseñar, estudiar, volver a hacer. Incorporar nuevos modelos mentales, probarlos en la práctica, volver a estudiarlos, volver a probarlos. Ir refinando esto hasta encontrar un saber profundo. Un saber hacer. El saber de los Maestros. Es convertirse en Maestro de la práctica de cada uno, que sólo uno puede hacer y que nadie más en el mundo puede copiar porque refleja el camino de ida y vuelta entre hacer y aprender que sólo cada uno de nosotros hizo, diferente al de los demás.

Pero, además, ese 10% de nuestro tiempo dedicado a aprender lo tenemos que invertir bien. Para nosotros invertirlo bien tiene que ver con seguir la curiosidad, con expandir la mente a ideas nuevas y con aprender a fondo los principios fundamentales. No con hacer un master para poner en un currículum. Con un buen currículum no somos más creativos ni pensamos mejor. Somos sólo más «empleables». Más empleables por organizaciones que van a tender a desaparecer porque emplean a gente que se dedicó a llenar currículums y no a aprender de verdad.

Por eso Baikal no tiene un programa sino muchísimos contenidos a los que uno se va exponiendo. Y por eso los repetimos de vez en cuando, para los que entran y, sobre todo, para los que los quieren revisitar después de haberlos puesto en práctica. Ida y vuelta, ida y vuelta.

Baikal no es para consumir todo junto como una carrera. No es un sprint sino una maratón. Una maratón de toda la vida para acompañar nuestro desarrollo profesional y personal. Para apalancar al máximo el otro 90% de nuestro tiempo.
Podríamos «comprimir» nuestro contenido en un programa de uno o dos años intensivos, tal vez lo hagamos en algún momento. Pero nos gusta más extensivo, así todos pueden hacer el ida y vuelta con la vida real. Porque Baikal es aprendizaje para la vida real.

Entonces el tiempo (y el costo) de un programa intensivo lo repartimos en muchos más años. En vez del 100% del tiempo durante dos años (y, -pónganle el costo del postgrado que quieran-), preferimos el 10% del tiempo durante 20 años (y el costo también prorrateado).

Tanto creemos en esto que en verdad lo construimos para nosotros mismos. Comemos la comida que cocinamos y que compartimos.

Si se quieren sumar a este postgrado extensivo (para el que no hace falta tener ningún grado) que los acompaña toda la vida para aprender y mejorar todo el tiempo, lo pueden hacer acá:

https://institutobaikal.com/degustacion-de-ideas-baikal/

Y navéguenlo con calma. El placer está el proceso de convertirse en Maestro de su propia práctica y su propia vida.

Emiliano Chamorro

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