La prioridad de la democracia sobre la filosofía

Este texto es la presentación de la clase que se realizará en Instituto Baikal.

Por Daniel Molina

Thomas Jefferson, hablando sobre la democracia liberal burguesa dijo: “No es un ultraje que mi vecino diga que hay veinte dioses o que no hay ninguno.” La democracia justamente no exige que nos pongamos de acuerdo sobre nuestras creencias últimas.

Todos podemos pensar diferente y respetarnos.

Richard Rorty, en un artículo clásico del que hemos tomado el título para esta charla, parte de las afirmaciones de Jefferson sobre las creencias religiosas de los ciudadanos para fundamentar que la democracia está más allá de las opiniones individuales (por profundas e importantes que sean). Jefferson afirma que el ser humano -sin importar si cree o no en dios- tiene en sí la conciencia esencial para la virtud cívica.

También dice que cuando sus creencias se interponen a la convivencia cívica, el individuo debe sacrificar su creencia en beneficio de la convivencia.

Democracia es una idea que aun nos sobrepasa y nos abruma en su enormidad. El mismo Rorty, en su respuesta a una crítica que le hace el antropólogo Clifford Geertz habla sobre el etnocentrismo que nos domina en casi cada situación de nuestra vida y dice que “el etnocentrismo es precisamente la convicción de que preferiríamos morir antes de compartir determinadas creencias”.

La gente progresista no tolera a los fascistas ni a los homofóbicos y no quiere sostener un debate con ellos. La gente reaccionaria (conservadora, racista o fanáticamente religiosa) no tolera a los ateos o a los judíos.

Es que de un lado o del otro de la grieta moral y política, se piensa que la gente que no tiene los mismos valores que el bando al que cada uno pertenece es irremediablemente estúpida, insensata y abyecta (o pecaminosa). Rorty dice que los liberales querríamos no ser etnocéntricos pero terminamos siéndolos cuando rechazamos dialogar con aquellos que piensan radicalmente distinto a nosotros.

Estas dos cuestiones (qué necesitamos para que haya una democracia liberal burguesa robusta en pleno funcionamiento y qué hacer para no caer en el etnocentrismo) integran el núcleo duro del debate sobre el futuro político de nuestra cultura.

¿Es posible la democracia en un mundo que cada día está más dividido y en el que cada tribu tiende al aislamiento y al enfrentamiento? ¿Qué hacer para poder vivir juntos de manera civilizada?

Daniel Molina

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