Los griegos serán siempre niños. Y nosotros también

06/10/2020

Christián Carman, profe de Maratón Platónica

En el Timeo, Critias cuenta que su abuelo escuchó una anécdota de Solón. Solón era considerado por los griegos el más sabio de los siete sabios. Una autoridad indiscutible. Este sabio había viajado a Egipto y, charlando con sacerdotes locales, hacía gala de la antigüedad de los griegos, calculando los años que tenían desde su fundación. Entonces, un sacerdote egipcio, muy anciano, lo interrumpe y le dice, con voz baja pero firme: “¡Ay! Solón, Solón, ¡los griegos seréis siempre niños! ¡no existe el griego viejo! Tenéis almas de jóvenes, sin creencias antiguas transmitidas por una larga tradición y carecéis de conocimientos encanecidos por el tiempo.” Los griegos padecían cada tanto catástrofes naturales –en general inundaciones– que los hacían perder toda la cultura y tenían que volver a arrancar. Por eso eran siempre niños, periódicamente perdían la sabiduría que habían adquirido. El Nilo, en cambio, protegía a Egipto de las inundaciones y ellos no sufrían esas catástrofes. Por eso Egipto tenía ya conocimientos encanecidos por los años, muchos de los cuales los había aprendido de los mismos griegos antes de las catástrofes y los habían conservado. Después del reproche, el sacerdote le transmitió a Solón toda la sabiduría de los griegos, que los griegos habían perdido.

Nosotros tampoco tendremos nunca pensamientos encanecidos por los años y seremos siempre niños si seguimos perdiendo a nuestros clásicos. No a causa de catástrofes naturales, sino culturales. O educativas. Hablo de catástrofes como reemplazar en la escuela la lectura del Quijote por un curso de Excel.

Por suerte los libros –me refiero a los clásicos– sobrevivieron a las catástrofes. Hay que abrirlos y dejar que el sacerdote egipcio nos cuente los bellos pensamientos que hay allí. Que son nuestros, aunque los hayamos olvidado.

Christián C. Carman