Memoria del pasado y del futuro

21/01/2021

Bitácora de Viviana Alonso acerca de la segunda clase de El poder de las
palabras, con una pizca de Maratón Platónica.

En la clase del curso “El poder de las palabras” dedicada a memoria y creatividad, Mariano Sigman invitó al escritor Jacobo Bergareche. “Lo primero que nace de la tierra es la memoria de todas las cosas, Mnemosine, la madre de las musas, las deidades a las cuales griegos y romanos acudían a buscar inspiración” -contó Bergareche-. “La mayor de las nueve musas es Calíope, musa de la poesía épica, de la cual nace toda la narrativa. Calíope, a su vez, es la madre de Orfeo, el primer poeta y, por ende, el primer escritor.” 

Bergareche recordó que en el diálogo platónico denominado “Ion” los escritores son considerados como trozos de hierro sin propiedades en sí mismos; se magnetizan cuando conectan con la musa, se vuelven como imanes que atraen ideas y entran en un trance narrativo. A continuación, Bergareche nos planteó: ¿dónde nos encontramos con la musa, con el manantial de palabras que nos atraviesa y conmueve a los demás? Y, acto seguido, respondió: en nuestra memoria. “Todos piensan que la memoria es memoria del pasado, pero la memoria del futuro es enorme también. Los niños pequeños no tienen mucha memoria del pasado, pero tienen mucha memoria del futuro: ¿qué voy a hacer de mayor?, ¿cómo va a ser mi pareja?, ¿cómo será mi casa?, ¿tendré hijos?. Es una memoria que va hacia delante y hacia atrás todo el rato, que conecta lo que hemos sido con lo que proyectamos ser”.

Después de la introducción de Jacobo, Mariano tomó la posta diciendo que “la
creatividad y la memoria son indivisibles. Los dioses de la memoria son los dioses
de la palabra. ¿Qué puede contar uno si acaso no cuenta los recuerdos, lo que uno tiene adentro? Por eso, la discusión en el espacio educativo que se divide entre desarrollar la memoria o promover la creatividad, no tiene ningún asidero y es dañina, no ayuda a pensar cómo podemos hacer para aprender y enseñar mejor”.

Mariano adelantó las tres ideas centrales de su clase:

1. El combustible de la memoria es la creatividad.
2. El combustible de la creatividad es la memoria.
3. Memoria y creatividad forman un círculo indivisible.

 

“Contrariamente a la idea de que hay que hacer un cajón más grande para guardar más cosas en la memoria, la ciencia demuestra que la memoria de los grandes mnemónicos no tiene cajones más grandes, sino mejor orden en esos cajones. Y este orden se construye con ingenio y creatividad”, explicó. Entre los grandes mnemónicos están los ajedrecistas. El maestro Najdorf, de origen polaco, estaba jugando las Olimpíadas de ajedrez en Buenos Aires cuando estalló la Segunda Guerra. Al terminar el conflicto, buscó reencontrarse con su familia haciendo una prueba de atletismo mental que captará la atención internacional y jugó a ciegas contra 90 rivales al mismo tiempo. “Najdorf tenía buena memoria, pero era la misma memoria, el mismo cajón de memoria que tenemos cada uno de nosotros, no tenía un cajón más grande”. Un experimento que  lo demuestra científicamente es el de Gobet. El investigador le mostraba posiciones de ajedrez con muchas piezas a grandes maestros, luego quitaba las piezas del tablero y comprobaba que los jugadores rápidamente las volvían a ubicar. Pero, si ponía piezas al azar, sin la lógica ni la trama creativa de las posiciones de ajedrez, descubrió que un gran maestro sólo podía volver a ubicar 6 o 7 piezas, exactamente las misma cantidad de piezas que cualquier otro. “La gran memoria viene de encontrar tramas lógicas que organizan las piezas, no de agrandar el cajón de la memoria”, reiteró.

La segunda idea que Mariano puso sobre la mesa: el combustible de la creatividad es la memoria. “Paul Mccartney cuenta que compuso Yesterday en un sueño. Al día siguiente recorrió las disquerías de Liverpool porque estaba seguro que había escuchado el tema en algún lugar. Pero después comprobó que lo había compuesto a partir de fragmentos de canciones que había escuchado.” Según Mariano, el ejercicio creativo tiene que ver con buscar cosas en un espacio; el músico busca notas en el espacio musical, el artista busca formas y colores. Contrariamente a lo que podría suponerse, un espacio de búsqueda muy grande no da más libertad creativa. “Es la llamada curse of choice; nos paralizamos porque no sabemos cómo evaluar las opciones, ni cómo compararlas.” 

A continuación, Mariano relató experimentos que demuestran que la creatividad y la memoria están entrelazadas, como el de Deb Roy, un investigador que llenó su casa de cámaras y micrófonos para estudiar el desarrollo de su hijo y detectar cómo y cuándo nacían sus primeras palabras. La conclusión fue que las palabras que tendemos a no encontrar son aquellas palabras que nos costó más aprender, son palabras raras, largas, que no riman y cuesta ordenarlas.

Por último, Mariano explicó cómo se graban y recuperan los recuerdos. “La memoria funciona en el cerebro a través de sinapsis, conexiones entre grupos de neuronas. Las conexiones que forman una memoria están blindadas por procesos de síntesis de proteínas que no se pueden cambiar”, pero, en el momento en que uno evoca, la memoria se vuelve lábil, ya no es rígida, sale a la superficie, se expone y se puede cambiar. “Lo más curioso es que cada vez que contamos algo, que recordamos, la memoria no se vuelve a grabar exactamente igual, se guarda editada. Hay estudios que muestran que dos personas que vivieron la misma experiencia y que se separan y se reencuentran 20 años después, tienen distintas versiones de esa experiencia. Lo que ocurre es que cada vez que una persona cuenta un recuerdo, lo cambia y cuanto más tiempo pasa, más divergen los relatos de la misma experiencia”.

Mnemosine, Calipso, Orfeo, Ion. La referencia a los griegos apareció varias veces en la clase de Mariano. Unos días antes, en otro curso de Baikal, Maratón platónica, habíamos leído el Fedro. En un pasaje del diálogo, Sócrates distingue entre escribir un texto o escribir en el alma de los hombres. “Con que una vez algo haya sido puesto por escrito, las palabras ruedan por doquier, igual entre los entendidos que como entre aquellos a los que no les importa en absoluto”, dice Sócrates y señala que hay otro tipo de discurso “aquel que se escribe con ciencia en el alma del que aprende”.  Así como el buen labrador cuida de sus semillas y las siembra en suelo fértil en el momento adecuado,  “el que posee la ciencia de las cosas justas, bellas y buenas, no se tomará en serio el escribirlas en agua, negra por cierto, sembrándolas por medio del cálamo”. Por el contrario, se ocupa de la dialéctica  “y buscando un alma adecuada, planta y siembra palabras con fundamento, portadoras de simientes de las que surgen otras palabras que, en otros caracteres, son canales por donde se transmite, en todo tiempo, esa semilla inmortal, que da felicidad al que la posee en el grado más alto posible para el hombre”.

Memoria del pasado y del futuro. Mariano y Jacobo trajeron al presente palabras justas, bellas y buenas, dejando en evidencia que los griegos están en nuestra memoria, y nosotros en la de Platón.

Viviana Alonso.