Meritocracia y halo effect

 

Por Emiliano Chamorro

En los últimos meses se dio entre gente cercana a Baikal un debate sobre la meritocracia. Gente muy inteligente tenía posturas completamente opuestas al respecto. Completamente opuestas, pero sin darse cuenta que en verdad estaban respondiendo dos preguntas diferentes.

La primera pregunta es: ¿Es buena o mala la meritocracia?

La segunda pregunta es ¿La meritocracia explica el mundo?

En general todos los que argumentan a favor de la meritocracia están respondiendo la primera pregunta y los que argumentan en contra están respondiendo a la segunda. O sea: están tomando posturas opuestas en un debate que no es tal porque no está bien definido el objeto sobre el que debaten. 

Esto es consecuencia de uno de los sesgos cognitivos que describió Daniel Kahneman, el Halo Effect: trasladar las características de una parte de un todo a las otras de las partes. “Si algo es bueno, entonces sirve para explicar el mundo, si algo sirve para explicar el mundo, entonces es bueno”. 

En este caso particular, como nos parece bien la meritocracia, creemos que sirve para explicar el mundo o como creemos que no sirve para explicar el mundo, nos parece mal. 

En el prólogo a una edición reciente de El Gen Egoísta, Richard Dawkins plantea un problema similar. Dice que por defender la teoría de la evolución -variación y selección natural- como la teoría que mejor explica el mundo, sus detractores lo acusan de querer eliminar a los más débiles, de ser cruel y egoísta. Dawkins explica que en verdad uno puede pensar que algo sirve para explicar el mundo y a la vez luchar en contra de ese algo por sus valores. Uno puede comprender que la evolución es una gran teoría explicativa y aún así trabajar para defender a los débiles luchando, de hecho, contra la evolución. Entender cómo el mundo es y trabajar para cómo queremos que sea son fenómenos intelectualmente independientes.

En el caso de la meritocracia uno puede pensar exactamente así, aunque con el signo cambiado: la meritocracia es algo bueno, pero no sirve para explicar el mundo.

¿Qué implica esto? Implica intentar generar sistemas en los que los resultados se distribuyan en base al mérito pero a la vez reconocer que el mundo generalmente no funciona así hasta hoy. O, de otra manera, reconocer que el mundo no funciona meritocráticamente y a la vez trabajar para que el mundo sea cada vez más meritocrático. 

¿La meritocracia no sirve para explicar el mundo? Creo que no. Por lo menos desde lo material, el principal determinante del éxito es el contexto de nacimiento. La familia, el país, la época, etc. Como dice Warren Buffett cuando habla de la “lotería ovaria”, él nació “cableado” con una habilidad -alocar capital- que su tiempo y espacio recompensa de manera desproporcionada y que sería completamente inútil en cualquier otro tiempo y espacio de la civilización. 

Obviamente hay excepciones, hay gente que nace en un contexto de riqueza y termina pobre y hay gente que nace en un contexto de pobreza y termina rica. Pero todo parece indicar que estas son excepciones. Que si uno nace en un contexto rico hay que ser muy torpe o tener muy mala suerte para terminar pobre y si uno nace en un contexto pobre hay que ser muy hábil o tener mucha suerte para terminar rico. 

¿Por qué es importante este debate? Porque es la raíz de lo más profundo del debate público en materia económica: ¿es justo redistribuir la riqueza o no?. Si la meritocracia explica el mundo, eso implica que quienes “tienen” lo merecen y que por lo tanto es bastante injusto sacarles para darles a los que no tienen, que no tienen porque no merecen. Ahora si la meritocracia no explica el mundo, los que tienen, tienen por suerte no por mérito, y por lo tanto es más justo sacarles para darles a los que no tuvieron tanta suerte.

¿Implica esto que si uno piensa que la meritocracia no explica el mundo uno tiene que apoyar políticas redistributivas? No necesariamente. De nuevo el halo effect: que algo sea justo no quiere decir que sea conveniente y que algo sea conveniente no quiere decir que sea justo. 

En un mundo con capital esencialmente móvil aunque sea “justo” redistribuir porque los que tienen tienen por la suerte del contexto en el que nacieron, puede no ser conveniente hacerlo porque las jurisdicciones que tienen políticas más redistributivas -a igualdad de otras variables- pueden “espantar” al capital y terminar perjudicando más aún a los que supuestamente se quiere beneficiar. O no, no es el punto de estas líneas. El punto es que justicia no implica conveniencia y conveniencia no implica justicia. En cada cosa que hacemos en un sistema complejo hay efectos de segundo orden que desdibujan por completo la linealidad entre las intenciones y los resultados.

¿Entonces le enseño a mi hijo que la meritocracia no existe, que no se esfuerce y que da todo lo mismo? A tu hijo enseñale que el mundo hay que entenderlo lo más agnósticamente posible, como es y no como nos gustaría que sea. Porque si uno confunde lo que es con lo que le gustaría, no entiende. Y a la vez enseñale valores. Y que de acuerdo a esos valores puede hacer un aporte para que el mundo se parezca más a cómo le gustaría que sea. La meritocracia no explica mucho por ahora lamentablemente, pero es un gran valor sobre el que hay que construir. Porque si no, lo que nos queda es el acomodo, el nepotismo, la prepotencia y la tiranía de los suertudos que se creen merecedores. 

Como dice Kipling y nos recuerda Borges, el éxito y el fracaso son dos impostores. En un mundo de leyes exponenciales gran parte del éxito está determinado por el azar inicial. Pero esto no está escrito y podemos trabajar día a día para modificarlo.

Emiliano Chamorro

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