Mi alma, un palimpsesto

Por Christián Carman

Se cree que fue Jeff Bezos, el fundador de Amazon, en octubre de 1998. Pero no hay certeza porque el comprador decidió mantener su anonimato. Quien fuera, en una subasta de Christie’s, desembolsó dos millones de dólares por un libro medieval, escrito en griego sobre pergamino, para luego entregarlo a un museo a fin de que fuera restaurado y estudiado. Que era un libro valiosísimo se sabía desde principios del siglo XX, pero el ejemplar se perdió entre el caos de las guerras mundiales y reapareció recién a fines del milenio. El ejemplar es único porque contiene obras que se creían perdidas del mismísimo Arquímedes. Cada tanto se nos dan esas sorpresas y aparecen textos completos de libros de los que sólo teníamos el título y un montón de conjeturas. Lo espectacular de este caso es que se trata de un ‘palimpsesto’. Así se llama a una obra que ha sobrevivido escrita debajo de otra obra. Muchas veces el pergamino se reciclaba y cuando se creía que la obra no tenía valor (¡eso pensaron de las obras de Arquímedes!), se raspaba el pergamino para borrar el texto y se escribía nuevamente arriba. Por suerte, siempre quedan rastros del texto anterior y con tecnología se puede restaurar. Porque, como dijo Poncio Pilatos, “quod scripsi, scripsi” (lo escrito, escrito está).

En el Fedro, Sócrates discute con el discípulo que le da el nombre al diálogo acerca de las ventajas y desventajas de la escritura. Sócrates se muestra razonablemente optimista respecto de los beneficios que puede producir, aunque es consciente de que la escritura afectará la memoria porque uno ya no almacenará sus recuerdos adentro, en su alma, sino afuera, en el papel. Sin embargo, aclara, “las cosas realmente importantes, yo no las escribo en papel, con agua negra, sino directamente en las almas, mediante la palabra.”

Algún día hablaremos de la importancia de escribir en las almas de los demás, del poder que tienen nuestras palabras para dejar huellas definitivas, imborrables, en las almas de los demás. Pero hoy quiero que veamos la otra cara y aprendamos a leer nuestra propia alma. Mirando hacia adentro y agarrando una hoja en blanco, les propongo que tratemos de leer nuestra alma y transcribir en esa hoja las palabras, ideas, valores, gustos, recuerdos, certezas y dudas que otros han ido escribiendo en nuestras almas, junto con el autor de cada una de ellas. Para ser consciente de lo que tenemos escrito. Y agradecer a quienes, como dice Sócrates, escribieron en nosotros palabras “por donde se transmite, en todo tiempo, esa semilla inmortal, que da felicidad al que la posee en el grado más alto posible para la humanidad.” Pero leamos con atención. Es muy probable que nuestra alma también sea un palimpsesto y las palabras más valiosas estén debajo de las más recientes. Es posible incluso que alguien haya querido borrarlas, raspando nuestra alma. Por suerte, quod scripsi, scripsi.

Christián Carman

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