Palabras sanadoras

Por Christián Carman

Una vez leí que las armas que mejor dominaba Sócrates eran las palabras. No me parece justo. Sócrates dominaba muy bien el arte de hablar, pero para él las palabras no eran armas. Eran, en todo caso, herramientas. O instrumental médico, que utilizaba en su arte de ayudar a parir lo mejor de cada uno. Sócrates sabía perfectamente manejar armas, pero armas de verdad. Como buen ciudadano ateniense, había combatido en varias batallas defendiendo a su patria. Laques, un gran general bajo cuyo mando Sócrates había combatido, no se cansaba de destacar las virtudes de Sócrates en el campo de batalla. Pero Platón pone en boca de Laques un elogio mucho más conmovedor. Laques decía que Sócrates era un músico. Un músico que había logrado componer la más bella sinfonía al armonizar en su propia vida, sus ideas y sus palabras, con sus hechos.

Uno de los primeros combates dirigidos por Laques fue contra Siracusa. Los Leontinos, que habían entrado en guerra con su vecina Siracusa, buscaban el apoyo militar de Atenas. Para convencer a los atenienses enviaron al más persuasivo de todos sus habitantes: a Gorgias. Gorgias, utilizando todo su arte, dio un gran discurso y logró persuadir a los atenienses que los apoyaran. Tal vez ahí tomó real conciencia del poder que tienen las palabras. Gorgias decía que “la palabra es un poderosísimo soberano que, con un cuerpo pequeñísimo y completamente invisible, lleva a cabo obras sumamente divinas. Puede acabar con el miedo, desterrar la tristeza, provocar alegría o generar compasión”. Insistía en que la palabra es al alma lo que el fármaco al cuerpo. El fármaco puede curar un cuerpo, pero también lo puede dañar, o incluso matar. Las palabras pueden hacer lo mismo con el alma. De hecho, los medievales decían que la murmuración (hablar mal de alguien) era un tipo de homicidio. Al destruir el buen nombre de las personas, mataba –decían ellos– la vida civil de los individuos.

Platón usa la misma analogía de Gorgias, pero la extiende un poco más. Dice que nadie llama médico al que solo sabe qué produce cada fármaco, sino al que, además de eso, sabe qué fármaco suministrar a cada cuerpo, para sanarlo, para curarlo, para mejorarlo. Gorgias nos advierte del poder que tienen las palabras, Platón nos invita a usarlas para mejorar a los demás, para sanar las relaciones, para curar nuestras heridas. A no utilizarlas como armas, sino, al igual que Sócrates, como un instrumento que ayude a sacar la mejor versión de cada uno.

Christián Carman

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