Posible Adyacente

por | 25/02/2020

 

Una idea tiende a parecerme significativa, entre otras cosas, por cómo me obliga a organizar otras ideas. El Posible Adyacente es una de esas ideas.

Para cerca del 1440, Johannes Gutenberg se había familiarizado con la tecnología vitivinícola, particularmente con la prensa. Los caracteres móviles ya habían sido inventados, pero al ser aplicados manualmente no habían logrado escalar como tecnología significativamente distinta de la escritura a mano. Gutenberg no tenía ningún entrenamiento en hacer vino pero sí sabía de metalúrgica; si a eso le agregamos que desarrolló un prototipo de tinta al aceite, podemos ver un bricoleur que dispone de todos los elementos necesarios para la imprenta. 

Stuart Kauffmann es un biólogo teórico. En una entrevista para Edge.org relata el proceso de buscar generalizaciones que describan lo que estar vivo significa. Kauffman dice que “las cosas que actúan por sí mismas, que se reproducen y son capaces de generar por lo menos un ciclo termodinámico” son agentes autónomos, y esboza cuatro reglas generales que definen la actividad de estos agentes y la construcción de los sistemas en los que estos agentes se desarrollan: la primera sostiene que los agentes autónomos buscan jugar el juego más complejo que pueden; la segunda y tercera tienen que ver con la construcción de ecosistemas y la criticalidad auto-organizada en esos ecosistemas; y la cuarta se refiere a la idea de lo posible adyacente, a la exploración de la posibilidad inmediata. Él dice que “puede ser que las biósferas sigan expandiéndose en lo posible adyacente. Al hacerlo, aumentan la diversidad de lo que puede suceder a continuación. Exploran el posible adyacente tan rápido como pueden salirse con la suya”.

De alguna manera, Kauffman conecta la idea de innovación y vida de una manera fundamental y, además, presenta la noción de posible adyacente: una forma de ver la manera en la que lo vivo innova y explora posibilidades.

 

En un ensayo para el Wall Street Journal, Steven Johnson toma la idea de posible adyacente y la extiende a la forma en la que nacen las ideas nuevas. Para él, “el posible adyacente es una especie de sombra del futuro que se cierne sobre los bordes del estado actual de las cosas, un mapa de todas las formas en las que el presente puede reinventarse”.

Al crear la imprenta, Gutenberg tomó múltiples elementos disponibles e imaginó un posible adyacente que los remixaba a todos generando algo que era mucho más que la suma de las partes y que cumplía con una de las características más importantes de la innovación: abría la puerta a nuevos espacios. Al hacerlo, pateaba hacia adelante la frontera de lo posible lo suficientemente lejos como para ser novedoso, pero también lo suficientemente cerca para que los demás lo pudieran seguir.

El posible adyacente es esa frontera en expansión; es el conjunto de todas las ideas, palabras, canciones, moléculas, genomas o tecnologías posibles que están a un paso de lo que existe. La creación de algo en particular que colapsa el espacio de posibilidades inmediatas explorables en una efectivamente explorada, que a su vez genera un espacio nuevo de posibilidades potenciales.

Una idea que colapsa vida con innovación y, encima, ordena ideas de una manera que permite recorrerlas como territorios que, como todo territorio, tiene borde: el posible adyacente. Es hacia y por fuera de esos límites que crecemos y creamos.