Sócrates, Federer y la falacia de afirmación del consecuente

18/09/2020

Christián Carman, profe de Maratón Platónica

Nadie pondría al Lisis dentro del TOP 5 de los diálogos platónicos; probablemente tampoco dentro del TOP 10. Sin embargo, tiene algo que lo hace único. Que yo sepa, es el único diálogo en el que Platón le permite a Sócrates explícitamente equivocarse en un razonamiento y que su interlocutor se lo haga notar.

Equivocarse en un razonamiento no es lo mismo que decir algo falso. Yo puedo razonar bien y llegar a una conclusión falsa, siempre que alguna de las premisas es falsa. Por ejemplo, si razono así: “Ningún filósofo jamás se equivoca, Sócrates es filósofo; por lo tanto, Sócrates jamás se equivoca”, el razonamiento es impecable, pero la conclusión es falsa porque una de las premisas lo es (la primera). Razonar equivocadamente es inferir una conclusión que no se sigue de las premisas. Por lo general, la conclusión será falsa, pero a veces, de suerte, (per accidens, decían los medievales), la conclusión puede ser verdadera. Esto último es lo que le pasó a Sócrates.

Sócrates pregunta por alguien y le contestan que se llama Lisis. A Sócrates no le suena el nombre y contesta: “Es joven, al parecer, ese Lisis. Lo deduzco de que, al oírlo ahora, no me suena su nombre”. El razonamiento de Sócrates podríamos reconstruirlo así: Si es joven, no conozco su nombre. No conozco su nombre; por lo tanto, es joven. Si reemplazamos “esta persona es joven” por p y “no conozco el nombre” por q, podríamos formalizarlo así: si p, entonces q, q; por lo tanto, p. Este razonamiento es incorrecto. Se lo conoce como falacia de afirmación del consecuente. El condicional establece que q se sigue de p, pero en la conclusión, nosotros hacemos seguir p de que se dio q, lo que no es lícito. Con un ejemplo clásico se ve claro: Si llueve, el patio se moja y si el patio está mojado, ¿Puedo concluir que llovió? No. Es cierto que si llovió se moja, pero puede haberse mojado por infinitas otras razones, por ejemplo, porque lo acabo de baldear, o porque se rompió un caño. Así, que esté mojado no me permite inferir que haya llovido. Lo mismo le pasa a Sócrates: es cierto que si es jovencito, no conocerá el nombre, pero de allí no puede inferir que no conozca el nombre, porque puede no conocerlo por alguna otra razón. De hecho, es lo que sucedió. El interlocutor de Sócrates, Ctesipo, lo corrige: “No. No lo conoces porque no le dicen por su nombre, sino por el de su padre, ya que su padre es muy conocido”. La razón por la que Sócrates no conoce su nombre es otra, es que lo conoce por el nombre de su padre, y no por el de Lisis, su nombre propio.

Sócrates se equivocó en el razonamiento. Cometió la falacia de afirmación del consecuente. Sin embargo, su conclusión –que Lisis es joven–, es verdadera, porque de hecho es apenas un adolescente. Como dicen de Federer, Sócrates gana hasta cuando juega mal.

Christián Carlos Carman