Thomas Kuhn y los cambios de paradigma

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Por Christián Carman

Sin duda, uno de los momentos más felices de la vida de los padres y las madres, es el momento en el que abandonan la clínica con su hijo recién nacido y lo llevan por primera vez a la que va a ser su casa. Pero esa felicidad está siempre mezclada con la sutil pero tremenda angustia que produce el que te dejen a cargo de algo tan valioso y a la vez tan frágil como un bebé de unos pocos días. Sin nada de experiencia, no tenés un criterio formado para distinguir lo que puede ser grave de lo que no. Y eso hace que consultes al pediatra mucho más seguido de lo necesario. Nosotros lo hicimos muchísimas veces. Cada vez que vas, vas con algunos síntomas para contarle (llora todo el día, le duele la panza, come poco) y también, porque así somos los humanos, con alguna hipótesis de qué es lo que le pasa. Nosotros lo hicimos muchísimas veces y me acuerdo de que siempre me impresionaba cómo el pediatra no mostraba casi ningún interés por los síntomas que le contábamos angustiados y, en cambio, nos preguntaba por otros a los que no le habíamos prestado atención. Lo hacía sistemáticamente. Con nuestras respuestas a sus preguntas, elaboraba un diagnóstico y siempre (o casi siempre) le pegaba. El sabía a qué prestarle atención y a qué no, qué era importante y qué irrelevante. Nosotros, no. Ésa era la diferencia. Él tenía el ojo entrenado para detectar lo relevante. Y sabía cómo leerlo, cómo interpretarlo.

Ser científico es mucho más que conocer un conjunto de leyes, fórmulas y nombres difíciles, es aprender a ver la realidad de una manera totalmente nueva. De hecho, la formación universitaria de los científicos consiste esencialmente en que aprendan a ver el mundo como enseñan las teorías. Se recibe de científico quien ya tiene esa forma de ver el mundo incorporada. El médico ve en una radiografía cosas que vos no, o en una ecografía, o en los resultados de un análisis. No es que las analiza, ve ahí cosas que vos no ves. Eso es ser científico.
El primero que propuso esta idea es Thomas Kuhn. Este año se cumplen 100 años de su nacimiento. Hasta él, las teorías científicas eran vistas como un conjunto de razonamientos. Pero eso es como una radiografía lógica de las teorías. Son eso, pero es mucho más. Una teoría es un paradigma –dice Kuhn–, una cosmovisión en la que vive el científico, una lente que le dice al científico qué observar y qué no, a qué prestarle atención y a qué no. Y cómo interpretarlo. Por eso los cambios de paradigma son mucho más traumáticos que simplemente cambiar la conclusión de un razonamiento. Es dejar de habitar en un mundo y pasar a habitar en otro. Es cambiar todo el mobiliario del mundo. De pronto, empezamos a convivir con virus, bacterias, átomos, células, supernovas, agujeros negros. Un cambio de paradigma, para Kuhn, es más parecido a ese momento mágico en el que uno descubre un punto de vista totalmente distinto. Y ya no puede volver a pensar como pensaba antes. No es que no querés, ya no te sale. Como cuando miramos esas imágenes en las que se pueden ver dos cosas, como un conejo y un pato, o una bruja y una joven. Al principio ves uno solo, pero de repente ves el otro y ya no podés ver el anterior. Cambiaste de paradigma.
Si así trabaja la ciencia, que es nuestro conocimiento más objetivo, cuánto más influirán nuestros paradigmas culturales, familiares, ideológicos en nuestra lectura de la realidad. Pero eso ya no lo dice Kuhn.

Christián Carman