Tomás de Aquino se agacha para elegir lo que está en la góndola de abajo

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Por Christián Carman

Esta semana la entrega es distinta. Resulta que en Baikal decidieron lanzar otra newsletter gratuita, como ésta, en la que Emiliano Chamorro propone ideas para decidir mejor e influir positivamente en los demás. Leí una que me impactó: genial pero tremenda. En el Poder de lo predeterminado, Chamorro muestra que no nos gusta elegir, que la gran mayoría de las veces decidimos no elegir. Elegir implica esfuerzo y, así, nos inclinamos automáticamente por la opción que nos ofrecen por default. El caso más elocuente es el de las góndolas de supermercado: elegimos siempre lo que tenemos a la altura de nuestra vista. Elegimos no elegir. Y acá la opción por default adquiere un peso determinante. Lo tremendo de lo que cuenta es que parece que no hay opción, estamos condenados a ser manipulados por quienes nos presentan las opciones.  Obvio, las decisiones importantes sí las ponderamos, pero son las menos. San Agustín decía, hablando de los pecados veniales que, si no te preocupan cuando los pesás, hay que temblar cuando los contás. Acá pasa lo mismo. No son las decisiones más importantes, de acuerdo, pero son tantas y tantas, que tiemblo.

Parece que no hay salida, no hay forma de hacer conscientes y deliberar cada una de las opciones que tomamos. No hay tiempo ni energía para eso. Probablemente, tampoco valdría la pena. Pero, ¿no hay forma de auto-configurarse? ¿no hay forma de que uno mismo decida la opción por default? Pregunté a los filósofos de todos los siglos y fue Tomás de Aquino quien me respondió: “Claro que sí. Tenés que formar hábitos. Cuando alguien practica artes marciales, por ejemplo, realiza miles de veces el mismo movimiento hasta que lo incorpora y ya le sale por defecto, sin pensarlo. Está automatizado. Convirtió ese movimiento en su opción por default. Lo mismo que pasa con el cuerpo, pasa con el alma. La repetición de actos va configurando tu alma a actuar por defecto de una determinada manera. Haberse configurado es adquirir un hábito. Cuando uno finalmente tiene el hábito, las acciones se realizan con facilidad, con prontitud, se disfrutan y se hacen mejor. Se hacen como vos querés, pero sin esfuerzo. Ahí pasan al automático. Realizás las acciones sin decidirlas conscientemente pero ahora, la opción por default la configuraste vos. No vas a lograr hacer conscientes todas las decisiones –concluyó Tomás–, pero si querés elegir vos la opción por default, adquirí hábitos.” Tomás es de los que en el supermercado elige el producto que él quiere, aunque tenga que agacharse para buscarlo en góndola de abajo.

Christián Carman