Por una amistad como la de Damon y Fintias

19/07/2021


Transcripción del relato de Christián Carman

En el siglo IV a. C., los griegos Fintias y Damon fueron aceptados, casi al mismo tiempo, en la escuela filosófica más prestigiosa del momento: la escuela pitagórica. Fintias venía de lejos y Damon lo recibe en su casa. Se empiezan a conocer y trabaron tal amistad, compartían tanto los criterios, los gustos y los intereses, que terminaron siendo conocidos por toda Siracusa como los dos grandes amigos.

Un día, Fintias estaba en la plaza pública condenando a Dionisio, el tirano, porque había asumido la suma del poder político. Dionisio se entera, lo manda a apresar y lo condena a muerte. Fintias acepta valerosamente la condena pero le pide una semana de gracia para ir a sus pagos a despedirse de su familia.

Dionisio, obviamente, no acepta porque dice que no le puede dejar nada en garantía, que seguro se va a escapar dado que no hay nada que valore más que su propia vida. Aparece Damon, y le dice: «Estás equivocado, hay algo que valora más que su propia vida, que es la mía. Yo me quedo como garante encarcelado y si él no vuelve me podes ejecutar a mí».

Dionisio acepta. Fintias parte y Damon queda encarcelado. Los días fueron pasando. Y Fintias no aparecía, no aparecía y no aparecía. Llegó el momento de la ejecución. Todo el pueblo se reunió y Fintias no aparecía. Preparan todo y Damon baja la cabeza para ser decapitado. Nadie lo podía creer. Porque con esa traición no se caía simplemente la amistad entre ellos dos, se caía la misma idea de amistad que ellos representaban. 

Dionisio le dice no te vayas así, decí unas últimas palabras. Damon vuelve a abrir los ojos, levanta la mirada, mira al infinito y le dice: «Las que diga no van a ser mis últimas palabras». Dionisio le dice: «Como que soy el tirano, que son tus últimas palabras porque apenas las digas te voy a ejecutar». «No será así – responde Damon – si cumples con tu palabra, porque me parece ver, allá lejos, que Fintias está viniendo». 

Todo el pueblo festejó, Fintias llegó corriendo, acalorado, transpirado y le preguntaron por qué había tardado tanto. Fintias contó que hizo lo posible por llegar, que nunca dudó que tenía que volver, pero tuvo mil problemas en el camino, naufragios, quedaron en una balsa, tuvieron que pelear contra piratas, estuvo mil veces a punto de morir. Pero no quiso morir para llegar ahí y dar la vida por su amigo.

Dionisio quedó tremendamente conmovido por el gesto de estos dos amigos, y les dijo que le perdonaba la condena, pero si permitían que él formara parte de esa amistad. Fintias y Damon aceptaron agradecidos que se les perdonara la condena, pero le dijeron: «No podemos aceptarte como amigo nuestro porque la amistad en serio, la amistad verdadera, solo se da entre personas virtuosas».

¡Muy feliz día, amigos virtuosos de Baikal!