Estrategias de base para la economía NFT

 

Por Marcelo Rinesi

La vaguedad y la exageración son el riesgo más grave, así que, para organizarnos:

  • La «economía NFT» no es ni «la economía» ni «la economía del futuro» ni realmente «una mejor economía”. No por eso deja de ser interesante o un buen negocio, y este análisis debería serle útil incluso si cree en las variantes maximalistas del impacto de los NFTs. Mi objetivo es estudiar, no elogiar crypto.
  • El uso de la palabra estrategia es deliberado, y por oposición a táctica. No voy a intentar determinar qué debería hacer (entre otras cosas, porque eso depende de quién es y qué quiere), sino esbozar un marco de referencia para pensar sobre esto de forma pragmática.

Este último punto implica que no voy a intentar predecir si los NFTs como clase de activos, o NFTs específicos, son una buena o mala inversión. Me interesa más estudiar cuales son los factores que los mueven; si usted agrega o no NFTs o instrumentos relacionados a su portfolio dependerá de sus propias creencias sobre esos factores, y cómo se correlacionan o no con el resto de sus inversiones.

Lo primero, sin embargo, es analizar qué son los NFTs. No porque le sean novedosos a nadie leyendo este artículo, sino porque hay tanta exageración (y tan pocos detalles concretos) en la forma en que se habla de ellos en la prensa popular e incluso en la especializada, que vale la pena ubicarlos de forma clara en el espacio de los instrumentos financieros.

Empezando por el principio

La cobertura de los NFTs está plagada de vaguedades metafísicas y promesas mesiánicas: bueno para las ventas, malo para el análisis. Desde el punto de vista de una estrategia de inversión, las preguntas que aplican a todos los activos —  en cierta forma el conjunto de coordenadas que separa el rol del inversionista de el del coleccionista —  son:

  • ¿Cómo y cuándo puedo «comprarlo»? (cualquiera sea el significado de «comprar» en ese contexto).
  • ¿Qué nuevas posibilidades gano, y en qué estados del mundo, cuando lo compro?

Estas preguntas pueden parecer demasiado genéricas para ser útiles, pero esta generalidad es lo que hace a las inversiones tan complejas. Aplican a bonos del Tesoro, pinturas de van Gogh, inversiones en juicios, y NFTs de (malos) dibujos de monos – ya sea que estén expresadas matemáticamente o no, son la lingua franca de las finanzas.

Un hecho interesante en lo que se podría llamar filosofía de las finanzas es la tensión entre la conveniencia analítica del idealismo y el poder descriptivo del nominalismo. Actuamos como si las clases de activos existen por sí mismas como una especie de ideal Platónico pre-existente, pero en la realidad cada bono, NFT, o tableta cuneiforme usada como recibo por la entrega de lingotes de bronce fue primero improvisada por alguien, y tienen características similares más por los enormes beneficios de tener protocolos comunes, y la conveniencia cognitiva de agruparlos para el análisis, que por alguna forma de ley natural.

Esta observación sería irrelevante si estuviésemos hablando de otra clase de instrumento financiero, pero es importante para los NFTs, porque han acumulado un gran y contradictorio conjunto de expectativas culturales. Estas expectativas son importantes, pero también importa que son expectativas culturales, y bastante recientes.

En el más básico sentido funcional un NFT es simplemente una entrada en un registro público, distribuído, e inmutable relacionando una identidad abstracta a una dirección web en la que hay un conjunto de bits. No son diferentes de, por ejemplo, una empresa pantalla siendo dueña de una parte de otra compañía: es una entrada en un registro algo menos público que se asume (y generalmente es) inmutable, relacionando una identificación abstracta a otra entrada en el registro.

Es algo que sabemos hacer hace mucho tiempo, más allá de cambios en la tecnología. Lo que hace a un instrumento financiero interesante son las respuestas a las preguntas de más arriba.

Estas preguntas son enteramente sobre expectativas sociales. No hay ninguna razón técnica por la que no podríamos usar algo parecido a NFTs para mantener el registro de la propiedad de acciones (y mucha gente quisiera hacer esto), y no hay ninguna razón técnica por la que el registro de tierras del Reino unido no podría expandirse para llevar el registro de quién es dueño de qué en un Metaverso. Lo que hay son trade-offs técnicos, y factores regulatorios tanto financieros como sociales, tanto sosteniendo como modificando convenciones sociales.

Las reglas de los NFTs

Por convención social, la mayoría de lo que llamamos NFTs tiene las siguientes características:

  • Existen unas pocas (generalmente solo una) instancia no fungible de cada token, con las limitaciones que esto implica para su compra y venta.
  • Las únicas opciones que uno adquiere cuando compra un NFT son la habilidad de venderlo y la de verificar su propiedad; esto último se suele enfatizar como un beneficio especial de los NFTs en relación a otros grupos de activos, pero en la práctica existe poca o nula evidencia de que la manipulación de registros de propiedad sea un problema financiero sistémico.
  • Los precios a los que se los puede compra y vender, en el sentido en que estos términos se aplican a los NFTs, pueden ser nominalmente muy altos (y a veces serlo también en la práctica), aunque con un amplio rango de valores; creo que hay razones estructurales para pensar que esto puede continuar siendo así (esta es una creencia generalmente compartida, aunque no siempre por las mismas razones).

Esto fue un desvío muy largo para decir algo muy simple, pero hay mucha energía y contenido dedicados a agregar capas de especulación o mala interpretación al concepto, así que era importante empezar por los cimientos. Y esto simplifica el análisis de inversión, porque tenemos que poner precio a un portfolio con solo dos opciones: vender el NFT, y demostrarle a otra gente que lo compramos.

En este sentido son estructuralmente similares a objetos de arte como pinturas y esculturas, una analogía que se menciona con frecuencia. Hay una diferencia importante: consideramos (colectiva y socialmente) que ver uno de estos objetos físicamente tiene un valor particular, así que la habilidad de elegir, hasta cierto punto, donde o incluso sí una pieza de arte física va a ser exhibida tiene un valor que contribuye al del portfolio. Por ejemplo, ser dueño de un van Gogh confiere la posibilidad de prestarlo al museo que uno elija – o de retirarlo de toda exhibición pública.

Ser dueño de un NFT no otorga esta opción. De hecho, no da el poder para prevenir a nadie de hacer nada. Mucha de la gente que es dueña de NFTs «en la blockchain» considera que todos los registros de propiedad, incluso los de propiedad intelectual, deberían ser llevados de la misma manera, pero esta creencia no les otorga ningún derecho legal. Ni siquiera otorga el derecho de prevenir que alguien más obtenga la propiedad de esa imágen (o lo que sea que esté representado en esos datos) en un sentido pre-blockchain (o incluso en otra blockchain!), a menos que el NFT tenga asociados derechos de propiedad tradicionales respaldados por bancos, jueces, o policías.

Así que los factores que determinan los precios de los NFTs son exclusivamente

  • Expectativas (y las expectativas sobre las expectativas, etc) sobre precios futuros.
  • Cuánto valor le damos al poder decirle a alguien que somos dueños de un NFT (y expectativas sobre cuánto valor le darán otras personas a poder hacerlo).

Es interesante que ninguno de estos impulsores de valor es extraño, moderno, o sofisticado. En este sentido, los NFTs son instrumentos primitivos, o, si lo prefiere, elegantes, más parecidos a joyas que a pinturas. (Existen «NFTs» que desbloquean partes de un producto o permiten acceso a un servicio. El nombre tradicional para esto es entrada o add-on, y no tiene sentido pretender analizarlos como si fuesen otra cosa).

Hasta ahora, el valor reputacional de los NFTs se debe principalmente a que son NFTs. El medio en sí mismo, o incluso la blockchain como medio de registro más que los datos registrados en sí, le dan su aura, y por tanto su valor. Este fenómeno está entrando a perder tracción; como estar en Facebook, no tiene sentido cuando no hay nadie más, pero pierde mística cuando entra tu familia. El hecho de que cada NFT es individual no impide una sobreproducción de NFTs como clase, y por tanto una dilución del valor de exclusividad del medio.

En el largo plazo tenemos que enfocarnos en el valor de NFTs específicos. No en el disfrute o interés de lo que sea que el NFT «tokeniza,» ya que tener un NFT no confiere ninguna ventaja en cuanto a su acceso —  si lo hacen, estamos hablando de NFTs en conjunto con derechos de propiedad intelectual tradicionales, y el análisis tiene que enfocarse en estos últimos —  sino en lo que queda cuando le sacamos al token lo que fue tokenizado.

Lo que queda es el acto mismo de la compra. Para decirlo de otra manera, lo único que puede garantizar un NFT es que le diste a alguien dinero por el mismo, a quién, y cuánto.

¿Qué implica esto para sus valuaciones? (más allá de expectativas futuras de precios). El modelo más simple y plausible es que el valor reputacional de un NFT se basa en la transferencia de dinero en sí, ya sea porque es un valor alto como señal de riqueza, o porque señala apoyo o alineamiento con quien sea que recibe el dinero. Hasta cierto punto, esto es precisamente cómo funciona el mercado hoy en día: la gente compra NFTs como señal de riqueza (muchas veces relacionada con cryptofinanzas) o para señalar su alineamiento con la narrativa y comunidad.

Desde un punto de vista financiero esto sugiere que los mercados secundarios tenderán a ser pequeños y poco líquidos. Nos hemos acostumbrado a elogiar a personas por el arte que compraron (y tal vez prestaron), pero es improbable que lleguemos a darle mucho valor social a la compra de la prueba de que alguien más apoyó a algo o alguien, excepto por casos históricos de nicho. Así que la economía NFT será principalmente una de primeras ventas: los NFTs no serán comprados con la expectativas de futuras ventas, sino para proveer apoyo verificable en un momento específico del tiempo. A medida que más personas se familiaricen con el concepto, la flexibilidad de los usos sociales

Las excepciones a este modelo tendrán lugar principalmente a los niveles de precio más alto, donde activos con precios opacos son muchas veces usados menos por su valor reputacional que como vehículos para la transferencia o acumulación de riqueza (aunque la relativa trazabilidad de las blockchains públicas limitaría esta clase de uso – un argumento a favor del crecimiento de blockchains privadas para los ítems de mayor valor).

Como primera aproximación, podemos pensar entonces a la economía NFT en el largo plazo como un medio de signaling social modulado principalmente en quién o qué generó el NFT, con poca atención a potenciales valores de reventa (excepto casos de nicho de ingeniería financiera o intereses específicos).

Un buen lugar para parar.

Este es un buen lugar para detener el análisis, ya que los destinatarios y escala de esta clase de signaling social depende de detalles altamente contextuales. Un NFT para apoyar la campaña presidencial de Elon Musk en 2028 sería probablemente un éxito financiero, mientras que el NFT asociado a un libro co-escrito por Thomas Picketty y Paul Kurgman sería una apuesta un poco más riesgosa.

Tiene valor ver la economía NFT no como una fuente de activos sino como un mecanismo de acceso a capital y, tal vez de mayor importancia, para demostrar apoyo y pertenencia a un grupo específico (lo que es en sí mismo valioso: las personas tienden a ser leales a lo que sea que hayan demostrado lealtad). La propiedad de los canales a través de los cuales esto sucede puede ser lucrativo, pero el mayor impacto será en la intersección de signaling social y fundraising.

Los precios actuales ya son el resultado de esta dinámica: tautológicamente, las partes pro-NFT de nuestra sociedad son muy entusiastas sobre NFTs, y muestran este apoyo y su pertenencia a la comunidad comparándolos.

Entender a la economía NFT pasará por entender qué otros grupos lo aceptarán como mecanismo de signaling, a quienes apoyarán, y cómo se manifestará este apoyo: en este punto es donde el análisis general se detiene y el específico comienza.

 

Marcelo Rinesi

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